Vocación

La naturaleza humana de seguir una determinada actividad o profesión

Aunque la palabra vocación tiene, etimológicamente hablando, una procedencia de sentido religioso, ésta es usada habitualmente como parte de nuestro vocabulario, dentro del lenguaje habitual, para indicar una especie de apego relacionado con la dedicación profesional hacia determinadas materias.

Desde la perspectiva de mi experiencia profesional (la cual ha sido muy variada) me gustaría destacar la importancia (o la suerte) de poder trabajar desde esta vertiente vocacional, o lo que es lo mismo, y aunque suene exagerado, disfrutar de ejercer nuestro trabajo.

Es (o debe ser) muy distinto trabajar exclusivamente por obligación que hacerlo por pura vocación. Es evidente que el trabajo no deja de ser trabajo, luego es obligación, compromiso, esfuerzo, sacrificio, etc. y la mayoría de personas lo toman (tomamos) como tal, partiendo de la premisa de que la palabra trabajo, etimológicamente apuntando, proviene de tripalium, un término latín que hace referencia a un tipo de tortura practicada antaño. Otro ejemplo etimológico asociado a la razón laboral es la palabra negocio, que directamente viene desarrollada a partir de un mote (nec otium) el cual transmite una clara negación del ocio.

Vocación. La naturaleza humana de seguir una determinada actividad o profesión

La naturaleza humana de seguir una determinada actividad o profesión.

Pero, volvamos al punto de partida. Es habitual en la actualidad escuchar expresiones referentes a que, desde una perspectiva general, no gusta trabajar, que hacen honor a la etimología de la palabra trabajo, tal y como hemos visto antes. Por ejemplo, <<Hoy estamos de lunes>> u otras similares relacionadas con la intrínseca obligatoriedad del desempeño. Es evidente que en este caso podemos decir que la etimología tiene una correspondencia exacta entre el origen de la terminología relacionada con el ámbito laboral y el sentido que le hemos dado al significado de ésta con el transcurso de los años.

Desde mi perspectiva profesional, sólo he de mirar atrás para poder asegurar(me a mí mismo) que estoy muy agradecido por poder dedicarme a lo que me dedico, pues lo he elegido yo, y por supuesto, las circunstancias, en ocasiones adversas y en otras (sobretodo últimamente) muy favorables, me lo han permitido. Eso sí, puedo destacar encarecidamente que sin esfuerzo no existe recompensa. Sin sacrificio no hay valor. Y la recompensa suele ser proporcional a dicho esfuerzo y/o sacrificio.

De esta forma, tod@s l@s grandes profesionales que ejercen vocacionalmente (desde actores/actrices hasta erudit@s de la medicina, desde futbolistas hasta profesionales de la docencia, desde carpinter@s hasta cantantes) suelen ser l@s mejores en su profesión.

Desde mi humilde reflexión animo a todas las personas que lean esto a que se esfuercen con el fin de poder alcanzar un día a día más agradable en tanto que especial, trabajando a nivel vocacional, amando la profesión, disfrutando de un lunes igual o más que un día de ocio y descanso, convirtiendo la meta profesional en un sueño a realizar.

Trabajando de este modo surgen l@s mejores profesionales. Esforzándose y recogiendo en proporción la semilla del sacrificio nacen las estrellas.

Y no importa el colectivo, el sector, la materia, el ámbito o la familia profesional. Hay muchas personas que, cuando eligen su itinerario profesional a seguir se rigen por el dinero que creen que van a cobrar, por los parámetros de oferta y demanda, por la inmediatez de ocupación en el sector, por el porcentaje de éxito a nivel de ocupación laboral, etc. Y no quiero dar un mensaje erróneo, pues esto realmente importa (y mucho). Pero, en mi humilde opinión personal, vale la pena priorizar el QUÉ AMO SER en lugar del CUÁNTO QUIERO COBRAR. Creo que si una persona ama su dedicación profesional se convierte en la mejor profesional, pues ese plus añadido al trabajar vocacionalmente se traduce en un extra en el resultado obtenido, gracias a la motivación, ganas, sacrificio, voluntad, etc., que hace que la palabra vocación se describa por sí sola. Además, los resultados (también materiales) derivados del trabajo vocacional suelen ser más abundantes. Es como trabajar a nivel físico y espiritual.

¿Trabajamos con las mismas ganas cuando nos imponen una tarea que hemos de realizar a regañadientes que cuando sentimos profunda e interiormente que deseamos desempeñar una función que, per se, nos despierta el alma? Retórica inapelable.

Existe una compleja pregunta que posee una escandalosa profundidad enmascarada detrás de la simple apariencia de ésta. Autoformulémonosla para estudiar las respuestas que surgirán:

¿Quién soy?

Tomémonos un tiempo para responder y reflexionar antes de seguir leyendo. Las respuestas suelen ser ricas en variedad:

«Soy Ana». La pregunta no es. «¿Cómo me llamo?» sino «¿Quién soy»

«Soy un chico que vive…» no es cuestión de género ni domicilio. «¿Quién soy»

«Soy simpátic@, trabajador…» la pregunta no es «¿Cómo soy yo?» sino «¿Quién soy?»

Y, por supuesto, la pregunta no es «¿A qué me dedico?», pero el más alto porcentaje de respuestas asociadas  a la pregunta «¿Quién soy?» tienen que ver con la vocación:

«Soy carpintero», «Me dedico profesionalmente a la limpieza», «Soy actriz», «Soy informático»

Sin ánimos de imponer unas creencias, ni de cambiar opiniones arraigadas, ni siquiera de alterar puntos de vista; simplemente con ganas de reflexionar y mostrar una humilde opinión personal al respecto que, por supuesto puede estar equivocada, sobre todo por la subjetividad del asunto en cuestión, me despido planteando unas dudas y cerrando con una de las míticas e influyentes citas de un importante psicólogo y psiquiatra contemporáneo que dice mucho sobre mí y mi pasado particularmente.

¿La vocación nace y, por tanto, yace implícita en cada un@ de nosotr@s, luego sale a la luz al contactar con la materia correspondiente o, por el contrario, se desarrolla a nuestra voluntad mediante práctica y reiteración en el ámbito de cualquier profesión que azarosamente pueda ocurrírrsenos? ¿Puede una persona tener más de una vocación?

Ningún árbol crece hasta el cielo sin que sus raíces alcancen el infierno

4 comentarios en “Vocación”

  1. Hola Juanlu. En primer lugar, enhorabuena por aportar a esta gran familia, TAU, tu “humilde opinión”, que ciertamente tiene mucho de humilde, pero muy certera y válida.
    A lo largo de mi dilatada experiencia laboral, en todos los ámbitos de trabajo, y son varios, en los que me he encontrado, las personas que mayor dedicación y empeño ponen, las que más disfrutan, las más responsables, las más comprometidas, las más solidarias, resulta que siempre son las que trabajan por vocación, es decir las que están preparadas y con aptitudes adecuadas para realizarlo y se sienten satisfechas con los resultados. ¡Qué bien! Y…. los otros, porque los hay, de éstos no hablas en tu escrito. Hablamos de los que no trabajan por vocación, sino porque no hay más remedio, por mantener la familia, por no aburrirse, por costumbre, porque les obliga la familia o la sociedad, por vergüenza, por orgullo…. ¿Crees que estas personas proporcionarán el rendimiento adecuado a la sociedad? y no digo empresa porque a la larga es la sociedad la que sufre las consecuencias de esta falta de rendimiento.
    ¿Qué hacemos con estas personas? ¿Cómo las incentivamos? Si la vocación es innata y no existen trabajos para los que “han nacido”, lo tenemos muy complicado. Si la vocación no es innata y depende de ir aprendiendo una serie de aptitudes y adquiriendo los hábitos adecuados, entonces cada persona puede ir adaptándose al trabajo que está realizando.
    En mi humilde opinión, pienso que la vocación entendida como un apego a nuestra profesión, se cumple en algunos casos, pero no en la mayoría. Donde sí existe vocación, y además innata, es todas aquellas cosas que se hacen por amor, por hobby, por vicio, por odio, por envidia y por todos aquellos vicios o virtudes propios de la “NATURALEZA HUMANA”
    Y para terminar, a la pregunta que formulas al final: ¿Quién soy yo? Te voy a contestar de una manera sencilla y clarificadora: yo soy Jesús, por mis obras me conocerás.

  2. ¡Jesús!

    En primer lugar, muchas gracias por molestarte en responder.

    He de decirte que me ha encantado tu respuesta, pero sobretodo, tal y como has respondido a la pregunta sobre la identidad de ser, concluyendo tu aportación con esa impresionante cita que he de confesarte que me ha impactado. Sinceramente, creo que es la mejor respuesta posible a la pregunta. Y también considero que en cierta medida se corresponde de algún modo con lo que yo escribí en el artículo, ya que la respuesta a la pregunta rara vez no tiende a apuntar hacia lo que hacemos (nuestras obras), algo relacionado con una profesión o, simplemente, hábitos, costumbres, obras, etc. que requieren un desempeño.

    Respecto a qué hacer con las personas que no pueden (o no quieren) trabajar por vocación…. Simplemente respetarlas, ya sea porque fuere su decisión o porque existen condicionantes y circunstancias que no se pueden obviar y que, de algún modo, en algún momento de la vida, aparecen y obligan a adaptarse a la ocupación de la que se disponga o pueda encontrarse accesible.

    En mi caso, también he tenido vivencias laborales de este tipo, así como obstáculos a los que me he enfrentado (creo que como todo el mundo en general) hasta que el ‘destino’ quiso que pudiera optar por un itinerario más vocacional. Creo que suelen aparecer oportunidades durante el transcurso de la vida y que de cada persona depende el hecho de tomarlas en consideración o no.

    Es evidente que es ventajista hablar de esto desde mi perspectiva, ya que siempre he dispuesto de la ayuda de mi familia para afrontar las adversidades que me han acaecido, y gracias a ella he podido trabajar para conseguir dedicarme a una ocupación vocacional. Así pues, no todas las personas, por desgracia, pueden optar a los recursos a los que, en este caso, he podido optar yo, y soy muy consciente de ello. En tal caso, adaptarse a una profesión e intentar sacarle un disfrute se antoja como algo más complicado, pero creo que dependiendo del estado personal de cada un@, se pueden conseguir buenos resultados en cualquier campo.
    Siempre que se goce de un bienestar interno que permita ilusionarse con las ‘pequeñas cosas’ (circunstanciales o no, periféricas o nucleares) que puede ofrecer cualquier empleo. Pero eso del bienestar interno (físico, mental, emocional…) ya es otra cuestión, quizá algo más psicológica y compleja en la que no voy a entrar, al menos de momento…

    Seguramente habrá personas que por el camino encuentren una dedicación para la que quizás no pensaban haber nacido (o sí), pero en tal caso estoy de acuerdo con lo que dices: los resultados dependerán de su proceso, progreso, adaptación, etc. Sobretodo, en mi opinión, de la vitalidad que le adjudiquen o el valor que le procesen. Y, para ello, en muchas ocasiones, para poder valorar en proporción, como bien sabes, es necesario pasar por un proceso de dedicación, perseverancia, sacrificio e incluso sufrimiento que muchas personas desestiman como causa.

    Por tanto, te ratifico de nuevo: por supuesto, la vocación entendida como un apego a nuestra profesión no siempre se cumple. Es más, creo que pocas veces llega a aflorar, pues no todas las personas desgraciadamente tienen la oportunidad de encontrar algo por lo que esforzarse, sacrificarse e incluso sufrir para poder comprender siquiera, qué significa vocación (ya sea, como en este caso, a nivel profesional, o simplemente por algo en la vida).

    Gracias de nuevo, Jesús. Espero no haberte aburrido. Básicamente he respondido a tu escrito para que supieras que agradezco tu intervención y que estoy totalmente de acuerdo con ella, pues creo que es compatible con la mía, y con la de Jordi Q., que el otro día aportó algo parecido.

    Quiero añadir que espero que no se me malinterprete (en general) y que no tengo ánimos de ofender a absolutamente nadie, con independencia de a qué se dedique o pueda/quiera dedicarse cada persona. Sólo pretendía generalizar acerca del concepto de vocación, teniendo en cuenta, por supuesto, que pocas veces se cumple, sea(n) cual(es) sea(n) la razón(es).

    ¡Gracias de nuevo!

  3. Cuánta razón tienes. Yo tengo la suerte de dedicarme a la mejor profesión del mundo, que, además, es mi vocación: soy profe!

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