NI FELICES NI DESESPERADAS: MANTENER EL EQUILIBRIO EMOCIONAL EN LOS MALOS TIEMPOS

En un momento histórico en el que “no estar mal” se ha convertido en el nuevo “estar bien” se hace realmente difícil mantener una mínima higiene mental. Antes de que la alarma social se instalara en nuestra vidas, ya teníamos nuestros pequeños y grandes problemas. Ya estábamos luchando, ya teníamos dudas sobre nuestras elecciones vitales, ya nos preocupábamos por las otras personas y por nosotras mismas. Y entonces, ¡bang! una nube de miedo nos cayó encima y lo complicó todo aun más.

Desde marzo de este año estamos sometidas y sometidos a una continua lluvia de mensajes que, quizás para hacerlo todo más difícil, tienden a estar muy polarizados. Por una parte, el pánico, la extrema prudencia, las cifras de contagios, las personas en cuidados intensivos, las muertes. Por la otra, los mensajes esperanzadores, el famoso “Todo irá bien”, las Instagram quotes que nos dicen que todo es posible, que persigamos nuestros sueños, que salgamos de nuestra zona de confort… Y en mitad de esa tormenta, las personas reales, las que nos levantamos cada día para cuidar de nuestros hijos o de nuestras madres. Las que llamamos a los amigos que viven solos, las que nos ocupamos de nuestros trabajos. Las que tememos que nuestro mundo entero explote. Las que lo único que queremos es vivir en paz.

¿Cómo no sucumbir a todos esos estímulos extremos? ¿Cómo no abandonarse al ritmo de los medios? Es extremadamente difícil conservar ese mínimo equilibrio emocional y mental que necesitamos para seguir adelante. Y sí, necesitamos seguir adelante, porque si alguien va a sacar al mundo de esta pesadilla, ese alguien van a ser las personas reales. Quizás ayudaría tomar distancia de todos esos mensajes y, sin caer en el aislamiento, seleccionar muy cuidadosamente lo que “come” nuestro cerebro. ¿Verdad que no te beberías un vaso de lejía para desayunar? Pues tampoco conectes la radio a primera hora de la mañana, cuando ni siquiera te has duchado (y, ya puestos, selecciona la emisora que vas a escuchar). Y, en el otro extremo: ¿en serio “si lo deseo de verdad, lo voy a conseguir”? Entonces, cuando alguien, por ejemplo, no consigue superar una enfermedad, ¿es porque no lo deseó lo suficiente? Eso, a fin de cuentas, más que darnos impulso lo que nos hace sentir es, básicamente, culpables. O inútiles. O insuficientes.

Sí, todo es muy complicado, la realidad asusta pero, de todos modos, ¿alguna vez ha sido el mundo un lugar tranquilo en el que vivir? La respuesta está clara. Vivir siempre ha sido muy arriesgado, aunque no siempre hayamos sido tan conscientes como ahora. Quizás eso nos dé la medida del verdadero valor de la vida. No hay trucos ni puertas mágicas para vivir… O quizás sí hay algo que podemos hacer: no dejarnos avasallar ni por los cuervos negros ni por los unicornios de colores, intentar mantener el sentido común y, por encima de todo, darnos y dar todo el cariño que nos sea posible. 

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